Geopolítica y criminalidad organizada

Información del Documento

  • Titulo

    Geopolítica y criminalidad organizada
  • Autor (es) / Colaborador(es)

    Juan Pedro Espinoza Aguaida
  • Institución

    Universidad de Los Andes - Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas - Escuela de Ciencias Políticas
  • Tipo Documento

    Trabajo de ascenso
  • Resumen

    Comprender el tema de Geopolítica y Criminalidad Organizada que Juan Pedro Espinoza Aguaida nos presenta con gran acierto e indiscutible actualidad, lleva necesariamente a la consideración de temas sociológicos, criminológicos, políticos y jurídicos, estos últimos, si se quiere, de orden constitucional y de carácter penal. La acuciosidad del historiador que suele acompañar a Juan Pedro en sus andanzas politológicas obliga a echar una mirada en la compleja evolución de la humanidad y en las instituciones que ha creado como resultado de su exigente devenir. Por ejemplo, la geopolítica y la criminalidad requieren ser comprendidas inclinando la mirada al Estado; hay que acercarse a esa experiencia de conocimiento haciendo lo que nos indica Ramón Cotarelo, gran estudioso de este tema. Él nos dice que considerar el Estado exige una referencia a su origen y a su evolución. Respecto del origen hallaremos diversas formas explicativas, a saber; La filosofía hegeliana, la cual expresa que "en el Estado cristaliza el último momento de la evolución del Espíritu", por tanto Estado es igual a manifestación de la eticidad absoluta, y en esta dimensión moral se da la plena emancipación humana. La relación del hombre con el Estado es a través de la abstracta condición de ciudadano, y la burocracia como clase con intereses universales administra el Estado y garantiza tal consecuencia emancipatoria. Opuesto a la idea de Hegel, Oppenheim plantea que el Estado es un producto histórico de la violencia y del derecho de conquista. Esta tesis niega la eticidad del Estado y da lugar a las justificaciones expansionistas de la geopolítica europea del siglo XIX y alemana del siglo XX, En cuanto a si existe o no una verdadera teoría marxista del Estado, Cotarelo señala que ésta es una "variante específica de la teoría del origen violento". El marxismo explica el origen del Estado a partir de la idea de la historia como escenario (campo y decurso) de la lucha de clases. El Estado no es más que el instrumento de dominación de la clase hegemónica. Es mera superestructura que en virtud de ineluctables leyes históricas ha de desaparecer. Stein Rokkan nos sugiere que el Estado es un fenómeno histórico concreto. Surge en Europa, en los comienzos de la Edad Moderna, como Estado nacional, para resolver las contradicciones entre: centro y periferia; ciudad y campo; Iglesia y Estado; capital y trabajo. Por lo visto, a la luz de las nuevas formas de criminalidad, el ciudadano no está libre de sojuzgamiento, es decir, libre de opresiones, y, por consiguiente, no ejerce como "mancipis", pues se le priva de una auténtica libertad, soberanía, potestad, genuina autonomía y dignidad como ser humano. También parece que como fenómeno histórico concreto hoy día el Estado tiene que resolver nuevas contradicciones, enfrentar nuevos retos geopolíticos, y las ineluctables leyes históricas están sometidas a nuevas tensiones, entre tantas otras están las que se gestan desde el "crimen global". Julio Rivera Clavería, del Instituto de Estudios en Seguridad, en su obra El Crimen Organizado, (Guatemala, 2011), afirma que "El crimen global es un complejo abanico de organizaciones que compiten o cooperan entre sí, se fragmentan, son estables, locales y multinacionales, es un ente poderoso que crece y, sobre todo, es transnacional". Dice este autor que las mafias o el crimen organizado logran prosperar en virtud del abismo que separa el Estado de la sociedad. Es por esta razón que la unidad entre ambos es necesaria a los fines de lograr su avance en la lucha contra el crimen. De modo, pues, que es válida la afirmación que hace Juan Pedro Espinoza de que en América Latina y el Caribe el enfrentamiento al crimen organizado se nos presenta con un sentido de urgencia, toda vez que lo que está en juego es la propia "supervivencia, y para enfrentar esta situación compleja "es necesario el fortalecimiento del Estado (soberano, fuerte y cohesionado) para poner en práctica su voluntad política". Surge una interrogante; ¿Cómo debe ser ese Estado? Aproximamos una idea; el Estado, ante tales urgencias, frente a ese reto que se agrega a los retos de siempre, debe ser garante de la igualdad ante la ley, A la igualdad política debe agregarse la igualdad económica y social; con la experiencia acumulada que nos orienta en la senda de las rectificaciones, no es descabellado mirar el "Estado de bienestar" (Welfare State). En lo territorial se deben mantener "los supuestos de soberanía comunes a todas las formas del Estado de Derecho" (R. Cotarelo), pero con propensión a integrarse en organizaciones supranacionales. Se retoma la idea hegeliana de la misión moral del Estado, pues este tiene una esencia ética que en sustancia es el conjunto de derechos humanos, esos que conforme propone Osvaldo Guariglia deben constituir la ética del siglo XXI. El crimen organizado, en todas sus formas, tiende a la penetración del mundo político mediante mecanismos de financiación con el propósito de asegurarse el control de instancias de poder formal que le garanticen impunidad. Las experiencias de México, América Centra! y Colombia, con los cárteles de Tijuana, Juárez, Sinaloa, del Golfo, Los Zetas, Los Caballeros Templarios, pandillas como Mara Salvatruclia, Mará 18, los cárteles de Medellín, Cali y Norte del Valle, además de las organizaciones criminales conocidas en otras partes del mundo, como la Mafia China Triadas, la japonesa Yakuza, la rusa Medvedkovskaya, la israelí y la ítalo-americana formada por las familias Bonanno, Colombo, Genovese, Gambino y Luchese, entre otras, confirman que la delincuencia organizada no subsiste ni alcanza su funcionamiento orgánico exitoso sin los apoyos que surgen desde dentro del Estado. Tal realidad estimula opiniones negativas de cara a las autoridades y a los líderes políticos, pues la población considera que éstos, desde el Estado, no destinan capacidad, recursos suficientes y esfuerzos para su protección de cara a la fuerza que muestra la criminalidad en la comisión de los más diversos delitos. La Mafia siciliana, la 'Ndrangheta calabresa (νδραγαθία, andragathía: hombría y virtud), la Camorra napolitana y la Sacra Corona Unita pudiese, en el caso de Italia, tienen antecedentes remotos y mucha historia en el mundo del crimen. En buena medida su gestación tuvo que ver con la ausencia del poder legalmente constituido, con el poder institucional y gubernamental. Se convirtieron en "cuasi Estado" ya que asumieron la auctoritas, una forma de legitimación socialmente ungida de reconocimiento en razón de la no presencia, debilidad o corrupción del gobierno. Hoy día el Estado italiano lucha contra la Mafia a fin de no ceder los espacios que le corresponden por ley y no debilitarse ante tales organizaciones criminales. Ejerce el monopolio de la fuerza, atributo del Estado, en el marco de la legalidad y de la democracia. Instituciones democráticas sólidas y sociedad cohesionada es la estrategia indicada para la confrontación inevitable. En Geopolítica y Criminalidad Organizada Juan Pedro Espinoza aporta reflexiones que tendrán que ser tomadas en cuenta para la discusión fructífera de los asuntos políticos, jurídicos, criminológicos y geoestratégicos contemporáneos; si no se mira la esencia de estos tiempos, los rostros de la globalización, los retos al poder del Estado, la osadía del poder que ostenta la criminalidad organizada, las amenazas que se ciernen sobre el ser humano, la comunicación en tiempo real con tecnologías que tornan inexistentes las distancias y las dificultades, nada provechoso se estará haciendo en el campo del saber para recrear argumentos, para proponer nuevas teorías y construir, con una narrativa acorde con las nuevas realidades, modelos que superen esquemas pasados.